9.05.2007

Sergio ya puede reflexionar

Por JOSE CARVAJAL

Por más que lo intente, todo parece indicar que Sergio Ramírez no podrá quitarse el saco de la política. Es un fantasma que lo persigue a todas partes a pesar del empeño que pone para que la gente, sobre todo esos entrevistadores que lo asedian en cada país que visita, lo miren sólo como el escritor que es.

La última vez que estuve con Sergio fue en noviembre del año pasado en un canal de la televisión local de Miami. Vino a promover su fabuloso libro de relatos breves “El reino animal”. Me dijo entonces que no sabía cómo hacerle para que la gente lo viera solamente como escritor, y para que los entrevistadores se concentraran en preguntarle sobre su obra literaria y no tanto de la actividad política que dejó hace 17 años.

Pero la bendita fama de político de Sergio se cruza siempre con el merecido reconocimiento que ha venido adquiriendo como escritor. Su activismo proselitista quedó encallado en la derrota electoral del sandinismo en 1990. Hasta entonces fue tan sandinista que llegó a ocupar la vicepresidencia de Nicaragua; de la violentamente dulce Nicaragua que transformó ideológicamente al fallecido argentino Julio Cortázar, amigo entrañable de Sergio.

De modo que hace varios años que Sergio Ramírez viene diciendo públicamente que abandonó la política para dedicarse a la literatura. Pero lo que hizo en realidad fue retomar una carrera literaria que se vio interrumpida primero por su activismo político en la lucha contra el dictador Anastasio Somoza, y luego por el cargo que ocupó durante el gobierno sandinista.

Alguna vez dijo a Librusa que aquella experiencia le permitió conocer el poder a fondo, y le dio además esa imagen de político importante de la que ahora reniega frente a una generación de jóvenes latinoamericanos que creció admirándolo más como revolucionario que como escritor. Muchos de esos entrevistadores que lo asedian cada vez que visita un país de América Latina, lo hacen porque quieren conocerle personalmente antes que sea demasiado tarde.

El primer párrafo de una entrevista publicada este 2 de septiembre en La Nación, de Buenos Aires, no me deja mentir: “El impacto que provoca estar frente a Sergio Ramírez es inevitable. El reconocido escritor nicaragüense es una parte viva de la historia de América latina, de la revolución sandinista que en su país derrocó al dictador Anastasio Somoza y del compromiso que un intelectual, un buen día, decide asumir porque siente que así se lo reclama la hora histórica”.

Sergio viajó a la Argentina para promover la reedición de su libro de cuentos “Charles Atlas también muere” y el lanzamiento de otro al que escribió el prólogo, “Escritos y documentos de Augusto Sandino”. Y como casi siempre le ocurre, esta vez tampoco se salvó de las preguntas relacionadas con la política, ni de opinar de Daniel Ortega, su otrora presidente sandinista y ahora mandatario nuevamente de Nicaragua.

—¿Cómo ve hoy a Daniel Ortega, el presidente nicaragüense?, le preguntan los periodistas Susana Reinoso y Alejandro Di Lázaro.

Y Sergio responde: Daniel Ortega está metido en la lucha clandestina desde su adolescencia. Nunca tuvo una vida normal y nunca la tendrá fuera de la noria del poder. Es un hombre de poder y su estructura mental está hecha para eso. Hoy se está preparando para quedarse. Está haciendo todo para concentrar el poder en él y su familia: entra en la sustancia del viejo caudillo latinoamericano.

Es la respuesta de un escritor que protagonizó parte de la historia de su país y la de todo un continente, y que ahora está completamente alejado del poder por convicción particular. De hecho, en esa última entrevista Sergio reconoce sin tapujos que “en el poder la reflexión era poca. Estábamos comprometidos en la defensa de un proyecto político y cualquier disidencia quedaba anulada por la amenaza de que, si nos dividíamos, nos comían. En el poder no se puede reflexionar”.

Fuente: Librusa.com, 5 de septiembre de 2007

El ejercicio del periodismo ayer y hoy

Por DIÓGENES CÉSPEDES

En punto a talento y honestidad, existe un abismo entre el periodista que comenzó su ejercicio cuando ingresó a la Escuela de Periodismo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo en 1962 y el programero que encontramos hoy en el amplio espectro de canales de televisión, radio, periódicos, revistas, suplementos, encartes comerciales, oficinas de marketing, relaciones públicas o propaganda en el sector privado o público. Los hombres y mujeres que entraron a estudiar periodismo, ya fueran conservadores o revolucionarios, creían en principios y valores y tanto socialcristianos, perredeístas como marxistas defendían sus convicciones políticas con vehemencia y convicción. Ese era el espectro político de la época. El balaguerismo fue algo casi clandestino entre 1962 y 1966. Fue el impudor o la vergüenza. Un asunto de viejos o de trujillistas.

Al principio, no fue ni balaguerismo ni reformismo, sino Acción Social, cuyo solo título recordaba al Partido Dominicano, único y totalitario. De todo eso huyó mi generación. La rehabilitación de Balaguer se debió a los malos gobiernos del Consejo de Estado y el Triunvirato, herederos de la mentalidad oligárquica de la Unión Cívica Nacional que copó los puestos de mando en ambos regímenes y sus altos funcionarios se comportaron, paradójicamente, como trujillistas y se repartieron los bienes públicos dejados por el Generalísimo.

El Consejo de Estado y el Triunvirato fueron dos gobiernos de verdaderos comesolos. Practicaron el clientelismo y el patrimonialismo y sus integrantes participaron masivamente en el derrumbe del orden constitucional encabezado por Juan Bosch.

El empuje y la fuerza social de las clases que formaron los gobiernos del Consejo de Estado y el Triunvirato fueron tan enormes que no bastó el estallido de abril y la guerra patria que le siguió para extirpar aquel frente oligárquico, el cual, para sorpresa de muchos, se rearticuló con Balaguer en 1966, tal como hicieron los hateros y la pequeña burguesía en 1866 (un siglo antes, ¡oh paradoja!) al llevar al poder a Buenaventura Báez a escasos meses de haber librado el pueblo dominicano una guerra sangrienta en contra de la dominación española.

Ese fue el contexto donde se desenvolvió el periodismo que comenzó en la UASD y aportó a Luis Reyes Acosta como la primera gran víctima de la violencia ciega de la guerra civil y culminó con Orlando Martínez, Gregorio García Castro y muchos otros periodistas asesinados en el primer tramo del poder balaguerista.

Esta lucha política, ideológica, de principios y valores fue nuestra herencia periodística. Algunos somos los continuadores de esta tradición. Pero la juventud que ingresó al periodismo cuando ya la Escuela no era un símbolo de criterio, talento y honestidad encarnado en los mejores profesores, encontró un ambiente totalmente enrarecido por la corrupción, el dinero fácil, una vida económica muy dura, una inflación enorme y un porvenir cerrado al esfuerzo, al talento y la honestidad.

En los doce años del balaguerismo, todo fue pervertido. La corrupción se generalizó como única forma de la reproducción vitalicia de Balaguer en el poder. Las reelecciones continuas habían sido impuestas a sangre y fuego y, a veces, con ausencia de la oposición. Ante toda iniciativa individual cerrada, muchos periodistas egresados de otras escuelas, y algunos de la vieja Escuela, sucumbieron ante las ofertas de apartamentos, cargos de relacionadores públicos en oficinas gubernamentales y anuncios a los pequeños espacios radiales que aquellos comunicadores iniciaron, pues los espacios televisivos eran sumamente caros y los ejecutivos ejercían una discreta discriminación económica, y racial a veces, para no tener caras feas o negras en esas empresas.

A este tipo de periodistas sin talento y sin honestidad se le designó despectivamente con el mote de programeros. ¿Quiénes acuñaron el término? Fue en los encuentros de un grupo de periodistas en el restaurante Lina, en el Roxy y en el Panamericano. El orgullo más grande de este grupo de periodistas era la ética que habíamos aprendido de Freddy Gatón Arce y que consistía en no aceptar invitaciones de políticos a cenar o almorzar, pagar de nuestro propio bolsillo, ir a nuestra actividad impecablemente trajeados, ejercer nuestra labor con un criterio profesional sin aceptar regalos de políticos y ejercer nuestro oficio con criticidad, objetividad y apego a la verdad de los hechos.

Fuente: Periódico Hoy, 5 de septiembre de 2007

9.04.2007

Movimiento Raffy Durán condena agresión contra periodista

SANTO DOMINGO.- El movimiento Raffy Durán condena la agresión de que fue objeto el periodista Esteban Rosario, productor del programa “Detrás de las Noticias” que se transmite de lunes a viernes por el canal Súper TV 55 en la ciudad deSantiago.

Rosario recibió golpes en la espalda, el cuello, el pecho, los brazos y otras partes del cuerpo que ameritaron su internamiento en la clínica Unión Médica.

Manuel Azcona, Daniel Moreno Cárdenas, Teófilo Bonilla y Luís Moreno Cárdenas, coordinadores del movimiento, expusieron que es una injusticia la forma en que se trata a los periodistas en este país, por lo que se le pide al jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, ordenar una investigación exhaustiva de este caso.

Dijo además que todos los periodistas deben permanecer unidos para que nadie intente conspirar contra la libre expresión y difusión delpensamiento.

“El Movimiento Raffy Durán que activa a lo interno del Colegio Dominicano de Periodistas espera que sea aclarada la forma en que fue golpeado el comunicador de Santiago, para que no quede impune como otros tantos casos.

Ya está bueno de maltratos a la clase periodística y no vamos a permitir más abusos contra ninguno de los compañeros comunicadores, por lo que exigimos a la policía llegar hasta las últimas consecuencias en este caso” declararon los periodistas y abogados Azcona y Moreno Cárdenas.

Fuente: Elobservador.com, 4 de septiembre de 2007